zuripantoengatuzado
17 Julio 2005
16 Julio 2005
Develaciones
Para mi amigo el profesor Pablo del Ángel Vidal
Conversar con el es siempre una develación infinita de misterios ocultos en lo cotidiano.
Los griegos creían que al conocimiento se accedía a través de la develación trágica, es decir: Sólo el hecho estético produce “logos” es decir significación. Fue después cuando se le dió a la revelación, proveniente de Dios- sobre todo en el medievo-y a la ciencia en la edad llamada moderna, las jerarquías de productoras de sentido y de verdad casi en sentido monopólico, dejando olvidado a lo develado en las sombras del tiempo.
Yo, me confienso, al igual que los orientales especialmente los chinos, sigo creyendo en las formas estéticas del conocimiento, creo en la develación que implica que en la naturaleza de las cosas hay misterios ocultos que se revelan a través de hechos trágicos. Así el universo en sí, que significa unidad en la diversidad, sigue siendo un gran suceso dramático en acción que tiene como toda pieza teatral, una narrativa propia que se va tejiendo hacia un desenlace.
Esta narrativa del universo, permanece por lo general oculta a nuestra superficial mirada, subyace en los significados profundos de las cosas, y suele revelarse a través de los hechos trágicos de la vida, hasta en los más cotidianos.
Comento esto por que últimamente todo el conocimiento que percibo o he adquirido, me ha llegado a través de fenómenos estético-trágicos; incluso cuando hoy que leo un libro sobre la globalización, advierto en su subtexto, una tragedia danzando frente a mis ojos, un orden de las cosas que está alterándose y sucumbiendo lentamente. Una trampa en la que todos estamos metidos.
Lo malo, o lo bueno, es que ya no tengo otra forma de ver el mundo. Si, me he convertido en griego-chino sin saberlo. Hasta cuando hablo de futból, danza ritual que reivindica a los mitos eternos, veo la tragedia. Cuento: El profesor Pablo, querido coequipero de la universidad que nos da cancha, conversa- con esa riqueza lúdica y anecdótica que en su memoria hace que los hechos adquieran la jerarquía de historias- sobre el partido Milán contra el Liverpool: El primero ganaba 3 a 0 al medio tiempo, todos celebraban la victoria. ¿Quién lo dudaba?. Si siempre ganaba sólo por un gol de diferencia que le bastaba y sobraba, ahora que lo hacía por tres, ¿Quién lo paraba?... Yo enfermo de lógica no de logos, primero lo creo, pero ante una pregunta siempre escudriñante del profe “pablito”, (como se le conoce con el uso cariñoso del diminutivo que al “reducir” el nombre paradójicamente hace crecer la dimensión de la persona ) expresada con esa fe, que recibimos sus colegas viniendo de el más que como reconocimiento, como un gran elogio; Un simple: “¿Qué pasó ahí profesor?”, algo se me devela en el interior, presiento y le respondo: “Tenía que ser así”.
En ese momento me fue fácil imaginar a los jugadores del Milán pensando: “Si ganando por uno siempre es suficiente...¡ahora que vamos ganando por tres!”. Fe fácil también comprender las pasiones desbordadas en la confianza irracional de los jugadores del ese trabuco del norte italiano. Por si fuera poco el factor Maldini, el capitán veterano en sequía de goles, había marcado con la pierna torpe, ajena; Pablo, ya en pleno juego de conjunto, enriquece la escena al decir: “En el vestuario milanés sonó seguro el poema de Withman:...oh Captain, my Captain”. ¿Mayor señal podría existir de la gloria que llegaba?. O mayor señal de la tragedia. No faltó, podía entonces apostarlo, aquel jugador o aficionado que se atrevió a sentenciar: “El Chelsea nos hubiera dado más batalla”. El final lo conocemos: El Liverpool levanta la copa, da la vuelta al estadio-trágica ágora moderna- y se devela esteticamente la enseñanza: Lo que siempre verdaderamente está ocurriendo se escribe en un río de fuerzas ocultas y subterráneas que no vemos, ese es el verdadero acontecer; Siempre hay una poder mayor que nos asecha, en lo oculto. La sombra es la luz.
El título de la tragedia del Milán pudiera ser; “El equipo que no debía ganar por más de un gol”. Ya que ganando por uno jugaban a morir por ese gol, ganando por dos o más, se morían a causa de si mismos....
El título trágico de cada uno de nosotros, sentencia máxima de nuestra cegera, puede ser igual al del Milán, pero no lo vemos, ni siquiera lo podemos escribir; puede ser cualquiera, por ejemplo:
El hombre que no debía ganar dinero fácil, a costa de perderse
La mujer que ocupo el puesto más alto a costa de hundirse
El hombre que llegó a ser presidente a costa de quedarse sólo
La mujer que de hizo de su amante su hijo, y finalmente: Su marido
Moraleja: Quién es capaz de leer y anticipar su propia tragedia, puede invertir los signos del destino, y entonces encumbrarse sobre sí mismo, su única y sólida realidad.
Yo por lo pronto sigo como griego o como chino, recuperando mi capacidad de ver uniendo la razón, la emoción y la voluntad, construyendo de nuevo la mirada trágica y estética de la vida.
Sólo así quizá sea capaz de ver mi propia tragedia e invertir los signos de mis sino...
Sólo entonces habré triunfado sobre las fuerzas entrópicas del universo
Sólo entonces cantaré victoria, y no en el medio tiempo de la vida donde ir ganando puede ser ir construyendo la propia destrucción ( y al escribir esto acompañado de un escalofrío se me devela un significado más del libro que estoy leyendo, al darme cuenta que eso le está sucediendo a las naciones que apuestan por el supuesto éxito intermedio de las economías de mercado, impuesto por una supuesta lógica de la globalización).
Sólo entonces habré existido.
Zuripanto
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